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El mantenimiento de una depuradora de oxidación total tiene como objetivo conservar el equipo en buenas condiciones de funcionamiento y mantener el rendimiento adecuado del proceso de depuración.
Las principales operaciones de mantenimiento están relacionadas con el control y retirada periódica de los fangos acumulados, la limpieza del equipo y la revisión de los elementos del sistema de aireación, especialmente la bomba soplante y los difusores.
La frecuencia de estas operaciones dependerá del modelo de depuradora, su capacidad, el uso de la instalación y las condiciones de funcionamiento.
Durante el funcionamiento de la depuradora se generan fangos biológicos que se van acumulando en las zonas destinadas a su sedimentación. Estos fangos deben retirarse periódicamente para evitar una acumulación excesiva que pueda afectar al funcionamiento y al rendimiento del sistema.
La frecuencia de vaciado dependerá de las características de la instalación, de la carga contaminante y del uso del equipo. Como referencia, en determinadas instalaciones puede ser necesario realizarlo aproximadamente una vez al año, aunque debe seguirse siempre el criterio establecido para el modelo concreto.
Los fangos acumulados deben retirarse periódicamente porque, cuando permanecen durante demasiado tiempo en el sistema, pueden alterar las condiciones de funcionamiento de la depuradora y favorecer la aparición de malos olores.
Un mantenimiento adecuado permite conservar el volumen útil de las zonas de tratamiento y sedimentación y contribuye a mantener el rendimiento previsto del equipo.
Las operaciones de vaciado y limpieza deben realizarse a través de las bocas de registro previstas para el mantenimiento del equipo.
Durante estas operaciones se retirarán los fangos acumulados y, cuando sea necesario, los sólidos o materiales que puedan haberse acumulado en el interior.
Una vez finalizado el vaciado, la depuradora deberá volver a llenarse con agua antes de ponerla nuevamente en funcionamiento, siguiendo las indicaciones correspondientes al modelo instalado.
Durante las operaciones de mantenimiento pueden encontrarse diferentes tipos de materiales acumulados en el interior del equipo:
Fangos sedimentados: procedentes principalmente del proceso biológico de depuración.
Materiales flotantes: grasas y otros sólidos de menor densidad que pueden acumularse en la superficie.
Sólidos no biodegradables: materiales que hayan entrado en la instalación y que deberían evitarse mediante un adecuado pretratamiento y un uso correcto del sistema.
El vaciado y la gestión de los fangos y residuos generados durante el mantenimiento deben realizarse conforme a los requisitos aplicables en cada instalación.
Estas operaciones pueden ser realizadas por empresas especializadas y, cuando corresponda, por gestores autorizados para la recogida y gestión de este tipo de residuos.
Una vez realizado el vaciado, deberán seguirse las indicaciones de puesta en funcionamiento correspondientes al equipo.
La bomba soplante requiere un mantenimiento periódico que dependerá del tipo de equipo instalado y de las indicaciones de su fabricante.
Es recomendable comprobar su funcionamiento, mantenerla limpia y protegida de la humedad y revisar periódicamente los elementos que puedan sufrir desgaste.
En las depuradoras de pequeño tamaño son habituales las soplantes de membrana. Estos equipos generan el caudal de aire mediante membranas de caucho accionadas por un sistema electromagnético.
Con el uso, las membranas pueden sufrir desgaste y disminuir el rendimiento de la soplante. Cuando sea necesario, deberán sustituirse siguiendo las instrucciones del fabricante.
No debe ponerse en funcionamiento la bomba soplante con la depuradora vacía. La instalación debe encontrarse llena de agua antes de poner en marcha el sistema de aireación.
Además del vaciado de fangos, es recomendable realizar comprobaciones periódicas del estado general de la instalación.
Entre ellas se pueden incluir:
Comprobar que la bomba soplante funciona correctamente.
Revisar el estado de las conducciones de aire.
Comprobar el funcionamiento de los difusores.
Revisar las tapas y bocas de registro.
Comprobar que no existen obstrucciones en las tuberías de entrada y salida.
Verificar que no se producen olores o anomalías de funcionamiento.